Homenaje a Rodolfo Walsh: la Carta Abierta a la Junta Militar 40 años después⁠. Sábado 25/3, 15 hs., San Juan y Entre Ríos⁠

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Las efemérides suelen ser un modo de recordar elementos del pasado que no nos significan casi nada y que ya perdieron en el presente toda su potencia. Pero no siempre son sólo eso: la actualidad de las prácticas intelectuales y de los textos de Walsh en la Argentina de hoy los vuelve una urgencia más que una efemérides.

En el 2017 se cumplen 60 años de la primera edición de Operación masacre. El 24 de marzo se cumplen, además, 40 años del secuestro, asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh y también se cumplen 40 años desde que está circulando la Carta abierta que firmó y envió por correo luego de bajarse en la estación de trenes de Constitución, poco rato antes de ser emboscado por las fuerzas ilegales represivas del Estado.

Dos dictaduras militares originadas en sendos golpes de estado -1955, 1976- son el trasfondo sobre el que se escriben Operación masacre y la Carta abierta a la Junta Militar. La Carta se propone como un obligado balance de la acción del gobierno “en el primer aniversario de su infausto gobierno”. Fácilmente se puede dividir la Carta en dos partes: por un lado, una detallada (y, visto hoy con el diario del lunes -ese que casi todos menos gente como Lopérfido & co. hemos leído-, una notoriamente acertada) descripción de los crímenes de lesa humanidad “que sacuden la conciencia del mundo civilizado”: “Quince mil desaparecidos -anota Walsh-, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados, son la cifra desnuda de ese terror”.

Por otro lado, una segunda parte de la Carta se concentra en lo que Walsh consideraba “no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor”. Esta segunda parte describe la política económica de ese gobierno cívico-militar que había llegado al poder mediante un golpe de Estado: “En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevando de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales”.

Una frase del quinto parágrafo de la Carta sintetiza ambas líneas: “Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas…”. La imagen es de fácil filiación borgeana y sintetiza con una economía admirable los principales elementos del proyecto de disciplinamiento de la dictadura cívico-militar con la que comienza a encarnarse el neoliberalismo en la Argentina. Pero sobre todo, sintetiza una de las mayores herramientas que legó Walsh: la posibilidad de pensar la efectividad de la escritura para el análisis político y económico. Efectividad que -la historia muestra- incluye además de imágenes logradas, inflexiones corporales, clandestinidad, invención de modos de circulación de los textos, de manejo de fuentes y hasta de la puesta en riesgo de la propia vida.

Las efemérides a veces no nos dicen nada, pero a veces piden ser escuchadas. Leída de nuevo desde la Argentina sometida a los vaivenes macristas, la descripción del proyecto económico de la dictadura se actualiza dramáticamente y obliga también a preguntarse por el presente de esa frase que subrayábamos. Porque sin tanto culatazo ni punta de bayoneta, hoy también el congelamiento de sueldos en comparación con los aumentos de precios -es decir, la drástica disminución del salario real; es decir, el aumento de las tasas de explotación de los trabajadores- signan las actuales condiciones de disciplinamiento social. Hoy también la financierización, la desindustrialización y la primarización de la economía se vuelven los modos principales de la política económica promovida por el Estado. La frase retumba como pregunta: ¿cuáles son las bayonetas y culatazos hoy? ¿cómo encontrar las frases que sinteticen con eficacia las nuevas bayonetas y culatazos? ¿cómo encontrar las formas de hacer circular las frase, de volverla políticamente potente?

La Carta abierta a la Junta Militar, que Walsh firma y difunde pocas horas antes de ser emboscado por un grupo de tareas de la ESMA, es tensa: es una carta urgente, pero al mismo tiempo aplomada; sostenida en una voz individual, pero al mismo tiempo nutrida de un evidente colectivo que le brinda contenidos y garantiza su futura aunque clandestina circulación; una carta pública que no será publicada. La urgencia de Walsh por romper el cerco informativo del conglomerado mediático-estatal, su capacidad para el análisis político, su política de trabajo con el dato y el documento, su atenta escucha de las voces del poder para encontrar por dónde agrietar su solidez, su eficacia para entender procesos económicos y para conceptualizar en el buen uso de un adjetivo el modo en que se imponen son hoy urgencias que actualizan la figura de Walsh.

Las efemérides suelen ser un color prescindible en los calendarios de la memoria, pero en este caso nos enfrentan a estos textos en toda su potencia y llevan a recordar el necesario y constante entrecruzamiento que hay entre políticas de escritura, política nacional y políticas de los cuerpos.

Sebastián Hernaiz

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