“La Educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo” Paulo Freire

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El viernes 24 de febrero empezó a circular en twitter un conjunto de mensajes de personas que, manifestando su rechazo al paro docente, se ofrecían como voluntarios para dar clases en las escuelas y garantizar “que las clases comiencen en fecha”. La maniobra —propia de los call centers del PRO, que manipulan la opinión pública a fuerza de trolls— no sorprende. Más dignas de análisis y reflexión son las consecuencias que se desprenden de ella.

Una de las grandes batallas culturales que llevamos adelante desde la recuperación democrática es la recomposición de vínculos sociales. Existen quienes, embanderando sincera o espuriamente el discurso de la convivencia apolítica, consideran que un reclamo legítimo, como un sueldo digno, una jubilación acorde y condiciones edilicias que no pongan en riesgo a estudiantes y docentes, equivale a un “paro político que toma a los chicos de rehenes”.  

Promover el voluntarismo para reemplazar a los docentes es una clara maniobra para debilitar la medida de fuerza concreta y minar el ideario social sobre el derecho a protesta. Este “voluntarismo” alienta la errónea creencia de parte de nuestra sociedad sobre lo que implica la tarea docente en todos los niveles de la educación.

Pensar que cualquiera puede estar en un aula educando a lxs chicxs deja en claro que hay una parte de la sociedad que ve en la escuela un mero depósito, y también la hipocresía de quienes afirman que los chicxs son “el futuro” pero en la práctica demuestran exactamente lo contrario.  En la apertura de sesiones, la gobernadora María Eugenia Vidal pretendió reavivar el fuego encendido por los ánimos voluntaristas y diferenciar a los representantes gremiales de sus representados. Una vez más buscó instalar la falsa idea de un paro político (cualquiera que conviva con la inflación puede reconocer la hipocresía) y generar fracturas en la clase trabajadora. Dijo conocer y escuchar a los docentes, pero no explicó porqué los dejó plantados tres horas en la mesa de negociación que ella misma había convocado. Y el Ministerio de Trabajo provincial dictó la conciliación obligatoria desconociendo el hecho de que la medida de fuerza es de carácter nacional. Curiosa es la voluntad de diálogo que estas acciones demuestran.

La educación es la única herramienta que tiene capacidad de transformación. Para transformar todo lo que falta, tenemos que repensar el lugar que otorgamos a algunos de los protagonistas de esa tarea. Todos los años retomamos la misma discusión sobre los salarios docentes, porque la oferta no suele estar a la altura de las demandas que la tarea implica. Este nuevo ataque orquestado por el gobierno de Cambiemos con la complicidad de los medios afines nos exige trabajar de manera conjunta para contrarrestar la imagen negativa que se quiere imponer de los docentes con la realidad de lo que sucede en las aulas de todo el país.

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Archivado bajo Acciones de lucha, Educación, Pensar la universidad

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