Humanidades Digitales en la Argentina

Tal como sucede con otros campos disciplinares, la definición misma de “Humanidades digitales” ha dado lugar a debates y divergencias que vuelven imposible cerrarla satisfactoriamente en una sola línea. Por su practicidad (y por su amplitud), la definición de Kathleen Fitzpatrick es buena para empezar: “por un lado aportar herramientas y técnicas de los medios digitales para enfocar preguntas tradicionales de las humanidades, y por otro, traer modos de pensamiento de las humanidades para reflexionar sobre los medios digitales.” En este sentido, pueden caer dentro de las humanidades digitales tanto cuestiones vinculadas al desarrollo y difusión de software y hardware que tenga una utilidad específica para las tareas tradicionales de los humanistas (realización de ediciones, diccionarios, traducciones, archivos, interpretaciones, prácticas relacionadas con la enseñanza, administración de recursos bibliográficos, difusión de la investigación) como con los esfuerzos por comprender la incidencia de lo digital en nuestra forma de entender el mundo (la política, la literatura, las artes, la subjetividad, la sociedad en general). Aunque una concepción más purista de esta área de estudios intentaría circunscribir aquello que la define propiamente sólo en la intersección de estos dos aspectos, la Asociación Argentina de Humanidades Digitales, nacida en el año 2013 se propone como una comunidad de prácticas abierta a la redefinición permanente de este campo en relación con la forma en que podemos entenderlo desde nuestra situación geopolítica particular y las problemáticas que lo atraviesan.

En el año 2014 se realizó el Primer Congreso Nacional de Humanidades Digitales (cuyas Actas pueden leerse aquí), y en el 2016, el Primer Congreso Internacional celebrado en la Argentina con esta temática. La investigación en Letras, ya sea desde la perspectiva de las herramientas digitales, de las teorías sobre las formas de escribir y leer literatura a partir de la computarización de la vida contemporánea o desde la enseñanza, tuvo un lugar clave en ambos eventos. Desde Letras Vuelve propusimos como área de vacancia un seminario de Humanidades Digitales que se está dictando en este cuatrimestre en nuestra carrera a cargo de Gimena del Río y Juan Mendoza, dos graduados de Letras que forman parte de la comisión directiva de la Asociación y que estuvieron directamente ligados con su fundación.

A medida que se expanden por las distintos instituciones (que en muchos casos incluyen posgrados específicamente orientados a las Humanidades Digitales) y las publicaciones académicas, crecen las dudas y los cuestionamientos acerca del posicionamiento de este campo de estudios en el ecosistema universitario. ¿Las Humanidades Digitales achatan la especificidad de la producción cultural reemplazando interpretaciones transformadoras con datos cuantificables? ¿Son una herramienta del mercado para producir técnicos especializados en lugar de intelectuales críticos? ¿Son finalmente las Humanidades Digitales una promesa permanente que nunca se concretiza en producciones verdaderamente relevantes que puedan llamarse “humanísticas”? Estos y otros aspectos son continuamente traídos a colación en los Congresos y actividades que se llevaron a cabo en nuestro país y que es necesario vincular con las particularidades de nuestro contexto actual. Considerar, sin embargo, que el uso de herramientas y de datos para pensar la realidad de las humanidades en el presente es inherentemente conservador es un error, ya que a menudo es a partir de estos datos que se pueden demostrar de forma innegable algunas de las cuestiones (globales y locales) que exigen un posicionamiento crítico urgente.

A modo de ejemplo y para concluir, incluimos dos imágenes de la ponencia “Una lectura distante de la investigación actual en Letras en Argentina” presentada por Juan Manuel Lacalle y Mariano Vilar en el Congreso Internacional de este año. En ellas se observa que en un corpus compuesto por las publicaciones académicas de Letras del 2014 y el 2015 de distintas universidades del país, la palabra “femenino” tiene mucha mayor presencia que “masculino” en los trabajos, pero que como contrapartida la palabra “autor” es considerablemente más frecuente que la palabra “autora”. Esto permite suponer que la importancia de los estudios de género en nuestro país no ha implicado aún un desplazamiento significativo respecto del estudio de obras producidas por autoras.

Mariano Vilar

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